lunes, 15 de noviembre de 2010

Solo es lunes…y me muero de ganas por abrazarte y oír tus te quiero en m i oído.
Te añoro sin remedio, aunque apenas hace 24 horas que no puedo verte. Me acuerdo de nuestras pequeñas alegrías para sentirte cerca: las bromas, los mimos, un edredón, una carita de pena, una cara de globo, o un beso inesperado. Tonterías que nadie más comprendería como nosotros lo hacemos. Tonterías que hemos hecho nuestras, y que ahora tienen un significado especial para dos personas en este mundo.
Tu sonrisa, una caricia y mi mundo iluminado. Le das la luz a cuanto m e rodea, sin ti me sumo en la oscuridad, y n o se salir. Ahora, pensando en ti,
Únicamente deseo que el tiempo pase rápido y no nos separe más. ¡Congelaría todo cuanto hay a nuestro alrededor, sólo para que el tiempo se parase y pudiera estar una eternidad contigo!
Sabes que no me cansaría de ti, y me has demostrado que tu de mí tampoco. Pero ya sabemos que no puede ser, que hay que conformarse con los fines de semana fugaces. Los mejores momentos de la semana, a tu lado y donde sea. A veces en un bar heavy, a veces tirados por el parque, a veces paseando sin más… a veces confesándonos secretos, a veces confesando lo que ya sabemos: que nos amamos.
Cualquier situación es maravillosa si estoy contigo. Tú y sólo tú eres quien hace de esos días algo especial.
Me siento tan niña cuando pienso en ti…me emociono cada vez que voy a verte, como si fuera el primer día; y espero impaciente si eres tú quien acude a mí. Si me acuerdo de ti, sonrío al instante, esté donde esté.
Quiero verte, ¿qué digo verte? Quiero abrazarte, besarte, acariciarte el rostro y mirarte a los ojos. Quiero perderme en tus pupilas y no encontrar la salida, quiero quedarme allí. En el lugar más dulce de todos.
Mañana otro día habrá pasado, y la rabia que me da no poder verte crecerá (un día más sin verte) y disminuirá al mismo tiempo (quedará menos para tenerte), sólo nos queda esperar, ya lo sabes… aguardar a que el tiempo sea generoso y pase rápido…
Porque parece que, de tanto que amamos, consumimos nuestro tiempo juntos demasiado deprisa.
Esperando a que el reloj de vueltas una y otra vez, acercándonos un poquito:

María.




Este no es el típico...digamos escrito que subiría a mi blog. Pero cierta red social va como quiere...así que aquí queda para que lo pueda leer cierta personita ^^

jueves, 11 de noviembre de 2010

El epílogo de una historia (otro pensamiento de papel reciclado, camino de la papelera)

Qué decirte…ahora que tras tanto tiempo te veo, a lo lejos, y me siento vacía por dentro.
Me quedo sin palabras, y vuelvo a cargar mi ira contra la persona a la que amas.
En la imagen te siento sonriente…no miro tus labios, imagino tu risa. Leo tus pequeñas palabras en la pantalla recordando cómo te dirigías a mí, y me doy cuenta de que no olvido.
Te olvido, pero no olvido. Porque tú no eres nada, pero me importa lo que sentía. No por ti, sino lo que sentía en esos momentos, cómo me hacías sentir.
La sonrisa inesperada, cosquillas en la mirada cuando te veía aparecer, los nervios asesinos que me recorrían la espalda cuando iba a verte. Escrito así, parece que estuviera enamorada. Nada más lejos de la realidad. Pero eras especial para mí, mucho más de lo que te imaginas.
Un sentimiento que se desperdigaba en pequeños momentos y recuerdos. Una canción, una camiseta que finalmente no te pusiste… El hecho de imaginarme tus ojos durante tres años, haberte recreado como al personaje de un cuento…
Curioso, paradójico que te recuerde mejor ahora que cuando creía hacerlo.
Fuiste la mejor historia que la adolescencia podía regalarme, la amistad más abrupta que he tenido.
Aprendí mucho, a base de errores. Ahora me cuesta desaprender y confiar… pero no te culpo. Yo erré una y otra vez, y tú tan sólo eras ese personaje ingenioso y correcto que de vez en cuando decía mostrar afecto por mí.
La carcasa no te representaba, como tampoco lo de dentro.
Poco me importa. Sólo me sigue importando lo que me hacías sentir. No he vuelto a encontrar esa sonrisa tan radical, un pestañeo en que la alegría se asoma de repente. No tengo ojos que perfilar en mi cabeza, todos los conozco bien. Me da miedo pensar en otras pupilas. Podría volver a dolerme y no quiero. Las cosquillas y los nervios se gastaron a partes iguales, no hay idealización. Esto último lo prefiero. No hay cuento que esté tan bien escrito como el que creamos; porque yo no soy la misma y cualquier otra amistad no sería la tuya. Lo escribimos, no faltaste a tu promesa, pues no hay tinta que describa una sensación.
No fue un sentimiento, fue una sensación. Una sensación de tres años.
Qué decirte…si al verte no he recuperado nada. Ni siquiera el cosquilleo, ni la sonrisa. Ni las lágrimas que venían después, ni el rencor. No recupero nada, sólo el vacío.
Ni siquiera quiero dañarte, aunque podría. Ya pusimos el punto y final, yo ahora tan sólo recopilo. El epílogo de una historia.