jueves, 11 de noviembre de 2010

El epílogo de una historia (otro pensamiento de papel reciclado, camino de la papelera)

Qué decirte…ahora que tras tanto tiempo te veo, a lo lejos, y me siento vacía por dentro.
Me quedo sin palabras, y vuelvo a cargar mi ira contra la persona a la que amas.
En la imagen te siento sonriente…no miro tus labios, imagino tu risa. Leo tus pequeñas palabras en la pantalla recordando cómo te dirigías a mí, y me doy cuenta de que no olvido.
Te olvido, pero no olvido. Porque tú no eres nada, pero me importa lo que sentía. No por ti, sino lo que sentía en esos momentos, cómo me hacías sentir.
La sonrisa inesperada, cosquillas en la mirada cuando te veía aparecer, los nervios asesinos que me recorrían la espalda cuando iba a verte. Escrito así, parece que estuviera enamorada. Nada más lejos de la realidad. Pero eras especial para mí, mucho más de lo que te imaginas.
Un sentimiento que se desperdigaba en pequeños momentos y recuerdos. Una canción, una camiseta que finalmente no te pusiste… El hecho de imaginarme tus ojos durante tres años, haberte recreado como al personaje de un cuento…
Curioso, paradójico que te recuerde mejor ahora que cuando creía hacerlo.
Fuiste la mejor historia que la adolescencia podía regalarme, la amistad más abrupta que he tenido.
Aprendí mucho, a base de errores. Ahora me cuesta desaprender y confiar… pero no te culpo. Yo erré una y otra vez, y tú tan sólo eras ese personaje ingenioso y correcto que de vez en cuando decía mostrar afecto por mí.
La carcasa no te representaba, como tampoco lo de dentro.
Poco me importa. Sólo me sigue importando lo que me hacías sentir. No he vuelto a encontrar esa sonrisa tan radical, un pestañeo en que la alegría se asoma de repente. No tengo ojos que perfilar en mi cabeza, todos los conozco bien. Me da miedo pensar en otras pupilas. Podría volver a dolerme y no quiero. Las cosquillas y los nervios se gastaron a partes iguales, no hay idealización. Esto último lo prefiero. No hay cuento que esté tan bien escrito como el que creamos; porque yo no soy la misma y cualquier otra amistad no sería la tuya. Lo escribimos, no faltaste a tu promesa, pues no hay tinta que describa una sensación.
No fue un sentimiento, fue una sensación. Una sensación de tres años.
Qué decirte…si al verte no he recuperado nada. Ni siquiera el cosquilleo, ni la sonrisa. Ni las lágrimas que venían después, ni el rencor. No recupero nada, sólo el vacío.
Ni siquiera quiero dañarte, aunque podría. Ya pusimos el punto y final, yo ahora tan sólo recopilo. El epílogo de una historia.

1 comentario:

  1. wooohhh
    ...nose k poner
    esta mu bn como siempre.
    un besiko
    de:blanca

    ResponderEliminar