domingo, 31 de octubre de 2010

Carta *_*

Hola cariño:
Te has olvidado una sonrisa en mi casa, deberías venir a recogerla.
Ahora me está mirando suplicante, esperando tu llegada. Quiere colocarse en tu rostro, que la abraces y le hagas sentir útil. La he guardado en una cajita sobre mi mesilla, para que no se pierda, para que no se manche de problemas.
Ayer, cuando te fuiste, la encontré temblando en un rincón ¡Sentí tanta lástima por ella! Así que la subí hasta mi boca, y le hice un hueco entre mis labios. Espero que no creas que quería robártela, sólo quería que viera tu foto desde una buena perspectiva.
Tu sonrisa, ahora conmigo, coincide en que la foto es preciosa (claro, como aparece en ella le gusta alagarse). No le he contradicho. Te sienta de maravilla su presencia.
Siento decirte que, aunque nos hacemos compañia, es necesario que regreses. ¡Sin tí no sabe vivir! No puedo mantenerla en mi rostro si tú no estás. Eres tú quien la produce, esta sonrisa (¿mi sonrisa?) es toda tuya.
La verdad, a ratos la saco de su caja y la paseo un ratito, pero enseguida me canso (pesa mucho si tú no me ayudas a sostenerla)
Cielo, siento escribirte así, tan de repente y pidiéndote que vuelvas, pero esque ella te echa en falta y a decir verdad...cada vez se siente más débil si tú no estás.
Ojalá te vea pronto para que puedas sanarla (sanarme) de la enfermedad de tu ausencia.
Tu sonrisita que te añora.

María

viernes, 29 de octubre de 2010

Bajo el paraguas




Camino por la ciudad…no tengo personalidad, ni vida, ni libertad. Solo vago bajo un paraguas que me sume en la oscuridad, observando.
A mi derecha y a mi izquierda: lluvia que cae. Pero mira más allá. Caras de bulldog, rostros apáticos, figuras exangües.
Me apoyo sobre una farola, y veo a la gente pasar. Parecen rebaños de ovejas, todos iguales, como las gotitas de lluvia de Magritte.
Mi joven más bien escuálido (la única silueta que logro diferenciar), se aleja. Camina hacia una especie de bailarina, que ondea su falda bajo un paraguas con puntilla. Igual que ayer. Se ven, se resguardan bajo un porche, y se besan.
Me imagino el cuadro del artista del surrealismo lleno de figuras “besadoras”. Ni siquiera estarán pensando en lo que su amor implica. No son “besantes”. Lo hacen de forma tan mecánica como la lluvia cae.
A lo largo de la tarde, los observo. Pasos apresurados, un par de discusiones, besos (“unos” besos, no “los” besos), prisas, vistazos al reloj, la promesa (por compromiso) de una llamada telefónica.
Ni un gesto de verdadero cariño. No veo sonrisas, palabras sinceras, no veo lo que llaman “humanidad”.El hecho es que por mucho que me apene, nada puedo hacer. Miro y me marcho bajo mi paraguas, como tantas veces.
De seguro nunca serán conscientes de lo que vale la compañía del otro. Reñirán, tan caprichosos como las dos últimas veces que les seguí. Gritarán, se cruzarán de brazos, se irán por caminos separados.
Entonces, cuando deje de llover y él esté calado hasta los huesos y el alma; cuando ella tenga roto el corazón… cuando se den cuenta que habían nacido para estar juntos, será demasiado tarde.
Porque ya sólo se reconocerán en las tardes de lluvia, con el pelo lacio y estropeado por el viento, las malas caras, el rostro mojado, los corazones helados (les cuesta derretirse). Habrán olvidado cómo era amar sin dolor. Cómo son los días soleados.
Me alejo, porque ya conozco el final. Esta es la historia que (casi) siempre se repite, la que, hace algunos meses, me dejó vagando bajo una tarde como ésta. Una tarde en que dejé de ser la bailarina de un cuento para convertirme en un oráculo agorero.
Desalmada, calada hasta los huesos por su indiferencia, recordando como su rostro llevaba la máscara de la tragedia… tragedia que terminó en convertirse en su propia piel.

miércoles, 20 de octubre de 2010




Todavía siento tus labios sobre los míos, un cosquilleo que se va perdiendo conforme te alejas. Me muero de ganas por salir de mi habitación, ahora tan vacía, correr calle abajo y evitar que te vayas. Abrazarte con fuerza y pedirte que te quedes conmigo. Retenerte entre mis brazos sintiendo el frío contra mi piel y tu rostro sobre el mío. Besarnos.
Tomar tu rostro con mis manos, acariciarlo, decirte que te quiero. Mirarte a los ojos, que estarían brillando de la emoción como los míos. Un cruce de sonrisas.
Me acompañas de nuevo a casa, esta vez para quedarte.
Acurrúcate conmigo bajo las mantas, esta noche no nos separan. Enredados en los sueños de una noche de otoño… todo cae menos nosotros.

Sentir tu aroma...aun cuando ya no esté impregnado en mi ropa. Mi piel todavía quiere oler a tí.

sábado, 16 de octubre de 2010

Soledad




No es necesario que nieve para experimentar lo que yo. Hace frío, también en mi corazón. Porque no estás a mi lado. Le robamos al tiempo unas horas, casi siempre con cuentagotas, y siempre insuficientes.
Hace apenas un día me abrazabas, me recordabas que estabas ahí y que me amabas, que nada podía con nosotros. Ahora, frágil y helada, añoro esos momentos y la carcoma destroza mi cerebro mientras pienso en porqué te sientes tan sólo. No soy capaz de cubrir tu soledad, de hacerte feliz y llenarte. Siempre te digo que estoy contigo, lo mucho que te amo cerca o lejos, pero parece no bastar. No soy suficiente.
Me da tanto miedo. Me lo repito constantemente: no soy suficiente, no le basto.
La soledad te arrasa aunque yo esté contigo, no puedo espantarla. Soy incapaz (incapaz, no puedo…son expresiones en las que pienso todo el rato) de enfrentar a tu soledad si mientras voy huyendo de la mía.
Es más fuerte, más omnipresente y más poderosa que yo. Nada puedo hacer. Me siento tan…impotente, tan…insuficiente, tan…sola…

Jardín de palabras




Me siento frente a mi escritorio, con temor, como siempre.
O bien las palabras están ahí, sin nada que expresar, deseando surgir a borbotones; o no encuentro la forma escurridiza y perfecta de explicarme.
Hoy creo que ambas me faltan. Es mejor no pensar en ello ahora. Mejor dejar que las palabras se vayan acercando, se toquen, enreden, fusionen… que vayan creciendo como un caótico rosal salvaje.
Un folio en blanco siempre será peor que aquel que llene de “margaritas” mediocres. Es como un prado infestado de “palabras” marchitas. Siempre será mejor que una colina seca y sin flores. Al menos las palabras siempre dirán algo.
Otra vez esa sombría sensación de que, por mucho que trazo sobre el papel, por mucho que plante, nada florece.
Hay días en que uno no se despierta jardinero, y entonces lo que debe hacer, como el escritor, es contemplar el trabajo de otros, para aprender.
Lo cierto es que nunca me consideré un escritor, quizá escritora. No, tampoco eso. Sería una escritora más bien mediocre.
Prefiero decir que soy alguien que escribe (como el aficionado “que planta flores” e intenta crear una obra de arte a sabiendas de que será un matojo con raíces que asomarán a su libre albedrío.).
Releyendo creo haber logrado esa fracturación de las palabras que buscaba, quería que se deshicieran bajo mis manos. Ahora pienso que están putrefactas.
Si os fijáis podréis ver cachitos de palabra esparcidos por el prado de florecillas. Debería barrer. Recopilar todo lo dicho y explicarme. Porque para ser maestra (proyecto de ella, debo decir) debería decir las cosas claras.
Soy tan retorcida como estas palabras. Al menos ahora aparecen, con cuentagotas.
Son como ese juego en que aparecen topos de diferentes hoyos y les debes atizar en el momento justo. Igual. O atrapo a las palabras o se me escapan.
Por suerte van lento, parece que como las he enredado se han hecho un lío y han tropezado.
¿Resultado? Han caído por la colina y están hechas un lastre. Las cojo como puedo y las planto aquí.
A ver si germinan.

jueves, 14 de octubre de 2010

Leer con esta canción:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Ye6YHQ8AZzU


Entre el humo, luces de neón y sobre un suelo cubierto por una sustancia pegajosa no reconocible, la cerveza y demás sustancias alcohólicas volaban de mano en mano.
La música sonaba a todo volumen, y las risas se contagiaban a través de la mirada. Risas y lágrimas de felicidad. Simplemente porque, después de seis años, se habían reunido.
Estaban casi todos: Jose, Carla, Ramón y Víctor. No podían contar con Gloria, ni con Martín. Éste último vivía en el extranjero y Gloria no había querido saber nada de sus antiguos compañeros. Todos se acordaron de brindar por David, para no acabar como él: atado a la corbata, a un empleo inmensamente aburrido y aprisionado por un traje que trataba de mostrar que no era tan decadente por fuera como por dentro.
Más risas, recuerdos. La lista de canciones se sucedía, algunas seguían siendo las mismas.
Carla se levantó, anduvo como le fue posible hasta la barra, sorteando a pequeños grupos de adolescentes pintarrajeados, y pidió una canción en especial.
Regresó tropezando con la misma niñata que horas antes le había dicho que no podía ser metalera si no vestía de negro como ella, y tras dirigirle una mirada asesina, se sentó con el resto.
- Preparad vuestras cervezas chicos, ¡que va a sonar la canción de Martín!
La épica, caballeresca y mítica canción de Martín. Aquella que años antes cantaban todos a coro, aquella que chillaban por encima de la propia música prometiendo vivir mil aventuras y luchar siempre por su honor.
Jarras y botellas se alzaron por encima de sus cabezas, y mientras las agitaban arriesgadamente, comenzaron a berrear de nuevo, con todas sus fuerzas, el principio de la letra. Risas y más risas. Alcohol derramado por las baldosas del bar, y a veces sobre ellos mismos.
Era la excusa, y todos lo sabían. Beber era el pretexto para volverse a encontrar, para cantar sin miedo a la vergüenza, para recordar sin amargura.
A medida que avanzó la canción, las jarras quedaron en la mesa, y sólo prevaleció la amistad. Agarrados de los hombros, terminaron la canción, charlaron durante horas, y olvidaron lo demás.
Las luces de neón siguieron brillando tan sólo unos minutos más después de que salieran del local. Habían aguantado hasta el final.

martes, 12 de octubre de 2010



Amor...no puedo darte el universo, la luna, ni siquiera una estrella. Tan sólo puedo pedirte que los observes y contemples lo lejos que quedan de nosotros. Tan pequeños, relucientes, y fuera de nuestro alcance. Son libres mientras tu y yo quedamos presos en nuestro gran planeta.
Amor...no puedo darte la libertad. No se resolver los minúsculos problemas ni superar fácilmente los enormes baches. A veces parece que voy a rastras y tiro de tí para salvarme. No puedo ser tu heroína porque te necesito para seguir.
Amor... ¿Cómo voy a tranquilizarte, si me paso el día preocupada por ti? Tiembla mi pulso si no estás a mi lado para cogerme la mano.
No puedo darte el universo, la libertad, tranquilidad... pero puedo darte otras cosas.
La tontería de sonreir y lograr que sonrías cada vez que vemos un niño pequeño.
La idiotez de que nos ilusionemos cuando vemos volar pompas de jabón.
El fresquito del aceite antes de darte un masaje.
La gilipoyez de poner caras feas para hacerte reir (a veces pienso que te daré miedo y saldrás corriendo).
La bobada de quedarme mirando los globitos de helio como si fueran lo más bonito del mundo, y conseguir, con muuuuchos argumentos, que pienses que son la bomba.
La voluntad de intentar que cada tarde sea especial para nosotros ^^

Poquito a poco te daré más felicidad, cachitos, porciones de ella. Un mordisquito de hamburguesa de macdonalds.

Te amo =) gracias por cada momento junto a mi!

jueves, 7 de octubre de 2010

Ladies and gentlemen, hasta que este horror vacui de erróneos pensamientos desaparezcan por mi mente, este blog queda apagado o fuera de cobertura.
Disculpen las molestias.

VALETE!!

Ars Vivendi


Yo no se cómo actuar. Si digo verdades, crees que oculto algo. Quizás pienses que miento. Si te mintiera obtendría el mismo resultado, pero no lo haré.
Intento arreglar las cosas, animarme, animarte y animarnos, pero fracaso completamente. Me siento inútil. Inútil y mentirosa aun sin haberte mentido, porque siento que no confías en mí. Que piensas que sólo pongo excusas, que me escabullo de los problemas para no enfrentarlos.
¿Crees que las alternativas que doy son para alejarnos? Si punto estas opciones es para intentar no hacerlo, para estar junto a ti. Pero no pareces ver más allá de mis fracasos…
No se como actuar, lo digo una y mil veces. Se olvidaron de darme un volumen del Ars Vivendi, o en su defecto del Ars Amandi. Nada bien, todo mal; palabras extremas que me hacen sentir como ahora, un completo non sense.
Sentarme frente a una pantalla inerte esperando verte, y sabiendo (temiendo) que todo estará como la última vez. Que por mucho que ponga de mi parte las cosas no cambian como me gustaría.
Harta de poner la etiqueta de malentendido, porque vienen todos de vez. Maremagnum de diferencias, un horror vacui de temores.
Solo espero que no haya una sonrisa de por medio, un “esta todo bien”, y acabemos cada uno con nuestra propia psicosis interior. Porque nunca me gustó la esquizofrenia emocional, nada de nada.
Que alguien me devuelva mi Ars Vivendi, que me hace falta para reconstruir los pedacitos de alegría que se rompen.

miércoles, 6 de octubre de 2010




Nunca supe que hacer, cómo actuar. Siempre fui como una sombra, intentando ser un dibujo, un fantasma de mí misma. Sigo malentendiendo y perdiendo credibilidad, maldito temperamento. A veces pienso que la imagen siempre será mejor que yo. Por suerte dentro de la palabra alterego siempre apareceré yo.

martes, 5 de octubre de 2010

Pensé, por un solo momento, que podía perderte. Mi corazón se encogió, y con la garganta oprimida, traté de respirar para tranquilizarme. No podía. Las lágrimas me ahogaban, los pensamientos y las consecuencias se agolpaban en mi cabeza haciendo presión.
¿Perderte? Dejarte ir, marcharnos cada uno por su lado…significaría pánico, dolor, melancolía, soledad, ausencia, desesperanza, desaliento, amargura.
La materia gris de mi cerebro se negaba a admitir que había una pequeña posibilidad de que ocurriese. Lo negaba y al mismo tiempo lo recreaba aterrorizada. No logré hacerme a la idea. Sigo sin hacerlo porque soy incapaz de renunciar a ti sin haber antes luchado.
De todo lo que te he dicho, quédate con la última palabra: luchar. Es lo que quiero hacer por ti. No dejar que nada ni nadie se interponga, quiero que la oportunidad que tenemos valga la pena.
Quiero que seamos siempre tan felices como cuando nos arrebujamos bajo un edredón, pero donde sea. Como sea. Que no nos importe mojarnos hasta el corazón bajo una tormenta. Todo el mundo huiría del lugar, pero nosotros no. Sentir tus labios húmedos sobre los míos, y que nada más importe.
Te dije ayer que te escribiría algo bonito. Esto no es lo más dulce, ni lo más romántico, ni lo más adorable de lo que te he escrito. Pero entre estas palabras hay la promesa de que no voy a abandonar, de que no voy a decaer.
La promesa de muchos más besos bajo la lluvia.


Te amo