Pensamientos de papel reciclado
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
Aquí estamos de nuevo, yo y mi circunstancia. Lo cierto es que no creía que volvería por aquí tan pronto, pero he de responderme a mí misma. Sí, ahora mismo podría reírme de mi temor inicial ante la soledad en la carrera... y tengo un nuevo temor por perder clase debido al esguince severo. Aunque por ahora hay suerte, la profesora de griego está enferma y faltara un par de semanas, lo que me da algo de margen.
Por lo demás, no puedo pedir nada. Lo tengo todo en la vida. Unos estudios que me apasionan cada día más, tiempo para mí, para mis amigos, para la personita más preciosa del mundo...como se suele decir, virgencita, virgencita que me quede como estoy.
Suelo venir a estos lares para recordarme a mí misma hace un tiempo, para escribir temores que supongo pasajeros y poder verlos después como nimiedades. Hoy solo acudo para reafirmarme a mí misma. Sí, tenía razón. Sí, advertí con buenas palabras y no caí en vacío. O tal vez sí lo hice, pero acerté igualmente. Y puede que como historia, como recuerdo o como chiste permanezca en mi memoria. Pero lo que tengo muy claro es que ya no me debo nada a mí misma. Ni a nadie.
¡Qué curioso ha sido! anecdótico, casi divertido. Ha sido un "cotilleo más". Ciertamente deja un regustillo amargo, un nosequé que no se termina de digerir. Como cuando lees una trilogía, terminas el último libro pero ya casi no te acordabas de los dos anteriores. Es una sensación que dista de ser vacío o tristeza. Es neutralidad, lo que buscaba al fin y al cabo.
Al fin y al cabo, ¡ey! sigo viva
domingo, 16 de septiembre de 2012
Todo está probablemente mejor y peor que nunca al mismo tiempo. Mañana veremos hacia dónde se inclina la balanza. Primer día en estudios clásicos, segundo objetivo por alcanzar. Ya ni siquiera sé por qué lo escribo aquí. Tal vez porque dentro de unos meses, quizás de un año, esté riéndome como hará tres años del miedo inicial ante una nueva etapa.
Ad astra per aspera
martes, 28 de agosto de 2012
Benicarló 2012
Una semanita en la playa... nuestras primeras vacaciones juntos en tres años... ha habido momentos inolvidables, tanto para bien como para mal...
Pero gracias a él todo ha sido mejor.
viernes, 10 de agosto de 2012
Ayer fue uno de los peores días de mi vida. Uno de esos días en que querrías rebobinar la cinta vieja de tu vida y olvidar el presente. He deseado desaparecer una y mil veces, y lucho por no seguir deseándolo.
No es necesario entrar en más detalles, pero la guinda fue un sueño de lo más molesto. Lo cierto es que tampoco termino de entender por qué me ha resultado tan desagradable. Simplemente buscaba tu nombre en una red social y ya no estabas. Habías desaparecido del único modo que te faltaba. También me pregunto por qué... por qué tú. Ni se me había pasado por la cabeza que ayer hacía tres años, justos tres años, en que te vi. Pero el jodido subconsciente me lo ha recordado incluso en un día como el de ayer. Ayer tenía mil problemas en los que pensar, y mi subconsciente decide pensar (recordarme) que te he perdido. Que sigo sin ser suficiente para tu amistad, o que, simplemente y como me dijiste en aquel email... bueno, la verdad es que aún hay una parte de mí que, inconscientemente, está al tanto de ti.
Cómo odio haberte recordado justo ayer, de manera involuntaria. Cómo odio que fuera en un día tan horrible como el de ayer. Que aún quede una parte de mí que tema olvidarte, me asusta. Desespera. Si tan sólo hubieras cerrado las cosas como era necesario, si tan sólo te hubieras despedido directamente, o hubieras sido tan valiente como esos personajes que creabas, yo habría podido zanjar aquella amistad. Habría hecho lo posible para extirpar de mi corazón a ese hermano que tantísimo apreciaba. Aun así lo he intentado, y tres años después sigue doliendo. ¿Cuánto daño no-pretendías-hacer? ¿Tanto daño merecía pasar? ¿Tanto que, tres años después, aún no has sido capaz de dar la cara?
Es posible que, como tus ojos, tu corazón fuera de hielo... la indiferencia es una explicación plausible. Dátsima, me escribiste... Alicia, me llamabas... hermana, hermanita... son palabras que aún hoy recuerdo. Y este un vertedero para las palabras que aún se aglutinan alrededor del alma.
Ayer habría necesitado de la persona que quería verme crecer. Ayer me sentí aquella niña frágil que temía que el mundo la tragara. Necesitaba todo el apoyo posible, necesitaba que existieras. Ni siquiera que existieras aquí. Simplemente que existieras.
Hoy es otro día, pero mi alma sigue temblando. Por todo. Por el terrible día de ayer, y un futuro incierto. Porque ayer te volví a ver, sin que yo lo pretendiera.
miércoles, 4 de julio de 2012
Es curioso, después de tanto tiempo, volver aquí. Es casi divertido. Escribo esto para que tú, si tal vez lo lees, sepas que voy a escribir nuestra historia. Ya sabes, aquella en la que se demuestra cuánto vale un peine y cuánto valía nuestra amistad. Tal vez entres aquí melancólico y encuentres esto. Te aseguro que no es cosa del destino que lo haya escrito. También te aseguro que no soy la misma, pero sigues siendo aquella espina que se clava un poquito y necesito expulsarla definitivamente. De todos modos revisar los pocos emails que me quedan, lo poco que me queda de ti, hace reavivar un poco el dolor. Pero se que vale la pena. Porque después de tres años sin ti soy más fuerte. No necesito que me cuide nadie,a excepción de Él. Un Él con mayúscula que tú no te has ganado.
Es por eso, que necesito escribirlo. He escrito tantas veces sobre lo que yo sentía que no he escrito nada sobre lo que ha pasado. Realmente, creo que es la mejor manera de saldar esa deuda conmigo misma. No me importa si tú escribes tu "en busca de la felicidad" porque mi historia no irá en busca de nada de eso. Mi historia será tal cual, cuanto vivimos. Mejor o peor escrita, no importa. Plasmar todo lo que ocurrió es una necesidad, no un privilegio.
No me malinterpretes, no siento melancolía, ni pena, ni te echo de menos. A veces siento curiosidad, a veces rabia, a veces me pregunto ¿y si...?
Dudo que leas esto siquiera, pero quién sabe, tal vez pueda ver satisfecho ese capricho, sepas que aún existo y que lo recuerdo todo. No para recuperar una relación de amistad, ni para ser hermanos, ni para recordar juntos ingeniosos momentos o risas condenadas a un "XD" en la pantalla. Quisiera que tuvieras un poco de valor, que te dirigieras a mí como persona, y no como el personaje del cuento que querías crearte. Que soy María, no Alicia. Nunca lo fui aunque tú siempre lo quisiste.
Aunque realmente, ni lamentarte tú ni increparte yo sirve de nada. I´ts over, se podría decir. Finito. Se acabó. Y aunque esa parte estúpida de mí (ya casi reducida a cenizas) querría tener noticias tuyas, soy consciente de que la situación actual está bien. Porque si dañas como dañaste una vez, puedes hacerlo cuantas quieras. Porque siempre has sido quien desequilibraba mi vida (al contrario de lo que siempre habías pensado) y adoro el equilibrio y la tranquilidad actual.
He de admitir que siento la tentación de dejarte la dirección del blog en tu tuenti, estupidez que no pienso hacer. Al fin y al cabo, ya me arrastré lo suficiente. Mejor dicho, ya se arrastró ella lo suficiente. Un ella que no es mi yo actual.
Ya no creo en ángeles de alas grises, ni creo en tus cuentos, ni creo en trenes que unen a personas predestinadas. No creo en pasar tardes enteras pensando en quien no aparecerá nunca.
En fin, si leyeras esto, al menos dígnate a comentar, que no cuesta tanto. Si alguna vez apreciaste siquiera una parte de la niña que yo era, dígnate a contestar. Ni siquiera te pido que lo hagas por respeto, porque se que eso es algo a lo que no puedo aspirar por tu parte. Hace mucho que lo se. Pero al menos, por pasar el rato, dame un pequeño párrafo más para mi historia. Un pequeño epílogo con alguna frase ingeniosa, sin pedir perdones ni esbozar un "tata" en tus palabras, por favor.
Necesitaría terminar esta historia como Dios manda... aunque creo que en esto tampoco me ayudarás.
lunes, 22 de agosto de 2011
Lo he intentado. Y lo he intentado dos veces, Sergio. Comunicarme contigo y saber que estás bien, o al menos saber de ti. Me imagino un montón de posibilidades, todas negativas y funestas. Y luego una que podría ser la semilla de una sonrisa. Una sonrisa que me acompañaría durante los próximos días, pero que creo que está podrida. Es un sueño cimentado en tierra yerma. No vas a venir hoy, no estás, como ayer.
Los giros del destino (en el cual nunca creí) tienden a separarnos una y otra vez, como riéndose de nosotros, para volvernos a juntar. Es una tortura que alborota la poca razón que quedaba en mí, una tempestad que se me apodera.
Los minutos pasan lentos y pesados, como una carga que va aminorando mi paso y hace más arduo el camino. Y aunque no piense en ella siento una presión en el pecho, y mi estómago se cierra, y nada puedo hacer. Solo esperar, y confiar en que el universo quiera que todo vaya bien.
Entonces, cuando me siento impotente, se manifiesta mi rabia y quiere nacer el odio, un odio fugaz pero cruel que me hace revolverme en la cama y despeina mis cabellos. Una rabia que crispa mis manos en un gesto de intensa desaprobación, que hunde mis ojos asustados sobre sus propias ojeras.
¿Y ahora qué hago? Me pregunto si insistir ante lo improbable o resignarme y aguardar. Y solo quiero destruir y abrazar, a partes iguales. Ora destruir lo que nos daña, ora abrazarte. Bien destruirlo todo bien abrazar mi dolor. Y ambas sensaciones se entrelazan y no me dejan ver su parte finita. Se difumina en mi interior como una niebla espesa alrededor de mi alma. Y ya es, en doce minutos pasados, la hora. Doce, y pronto trece… sin noticias.
Quizás soy demasiado exigente, o impaciente, o ambas. Pero quiero cerciorarme de que estás bien. Y de camino a casa, ojalá de camino a casa. ¡No me llames! No me llames si es por eso. Si es porque las ruedas te acercan a mí, si es porque guardas una sonrisa para mis labios con tu regreso.
Guarda tu voz para mi oído, para susurrar. Para calmadamente devolverme a esa tranquilidad que tú me induces. Olvídate ahora de mí y pisa sobre seguro en tu camino, aléjate de los peligros que puedan separarnos más. Olvida mi pesar y mis lágrimas y festina lente.
Casi puedo verlo, pero al otro lado del cristal resbala la gota de la mentira, descubriéndolo todo. Aún falsamente, ven, vuela hasta aquí y abraza mi alma. Deja que te atrape por tiempo ilimitado. Quiero el sentimiento, quiero el alma, quiero la presencia.
Aunque más añoro el tiempo recorrido. No siento que nos separe la distancia, sino el tiempo, la voluntad. Y el tiempo se extiende tanto como quiera la voluntad. Si el egoísmo ajeno tuviera menor poder que el propio, estaríamos unidos. Ten por seguro que sería egoísta en ello si es necesario. Por verte.
Verte, tal como lo hago, se ha convertido en una tarea, en un suplicio, digno de trabajo. Porque estás lejos, y casi te tengo cerca. Y la imagen, el perfume, la palabra o la voz son signos de realidad, y representan al mismo tiempo mi pesar y mi alegría. Pasado y presente, o al contrario.
Y en realidad no creo necesario repetir mil veces la historia. Pero quizás, repitiendo el inicio muchas veces, quede grabado en tu mente, y eso cuenta. Valdrá la pena si queda grabado como a fuego quedó tu mirada en la mía.
Así como grabado queda en cierto modo, lo que pienso, siento y padezco sobre este papel. Quisiera que pudieses leerlo, pero creo que hoy no…
Los giros del destino (en el cual nunca creí) tienden a separarnos una y otra vez, como riéndose de nosotros, para volvernos a juntar. Es una tortura que alborota la poca razón que quedaba en mí, una tempestad que se me apodera.
Los minutos pasan lentos y pesados, como una carga que va aminorando mi paso y hace más arduo el camino. Y aunque no piense en ella siento una presión en el pecho, y mi estómago se cierra, y nada puedo hacer. Solo esperar, y confiar en que el universo quiera que todo vaya bien.
Entonces, cuando me siento impotente, se manifiesta mi rabia y quiere nacer el odio, un odio fugaz pero cruel que me hace revolverme en la cama y despeina mis cabellos. Una rabia que crispa mis manos en un gesto de intensa desaprobación, que hunde mis ojos asustados sobre sus propias ojeras.
¿Y ahora qué hago? Me pregunto si insistir ante lo improbable o resignarme y aguardar. Y solo quiero destruir y abrazar, a partes iguales. Ora destruir lo que nos daña, ora abrazarte. Bien destruirlo todo bien abrazar mi dolor. Y ambas sensaciones se entrelazan y no me dejan ver su parte finita. Se difumina en mi interior como una niebla espesa alrededor de mi alma. Y ya es, en doce minutos pasados, la hora. Doce, y pronto trece… sin noticias.
Quizás soy demasiado exigente, o impaciente, o ambas. Pero quiero cerciorarme de que estás bien. Y de camino a casa, ojalá de camino a casa. ¡No me llames! No me llames si es por eso. Si es porque las ruedas te acercan a mí, si es porque guardas una sonrisa para mis labios con tu regreso.
Guarda tu voz para mi oído, para susurrar. Para calmadamente devolverme a esa tranquilidad que tú me induces. Olvídate ahora de mí y pisa sobre seguro en tu camino, aléjate de los peligros que puedan separarnos más. Olvida mi pesar y mis lágrimas y festina lente.
Casi puedo verlo, pero al otro lado del cristal resbala la gota de la mentira, descubriéndolo todo. Aún falsamente, ven, vuela hasta aquí y abraza mi alma. Deja que te atrape por tiempo ilimitado. Quiero el sentimiento, quiero el alma, quiero la presencia.
Aunque más añoro el tiempo recorrido. No siento que nos separe la distancia, sino el tiempo, la voluntad. Y el tiempo se extiende tanto como quiera la voluntad. Si el egoísmo ajeno tuviera menor poder que el propio, estaríamos unidos. Ten por seguro que sería egoísta en ello si es necesario. Por verte.
Verte, tal como lo hago, se ha convertido en una tarea, en un suplicio, digno de trabajo. Porque estás lejos, y casi te tengo cerca. Y la imagen, el perfume, la palabra o la voz son signos de realidad, y representan al mismo tiempo mi pesar y mi alegría. Pasado y presente, o al contrario.
Y en realidad no creo necesario repetir mil veces la historia. Pero quizás, repitiendo el inicio muchas veces, quede grabado en tu mente, y eso cuenta. Valdrá la pena si queda grabado como a fuego quedó tu mirada en la mía.
Así como grabado queda en cierto modo, lo que pienso, siento y padezco sobre este papel. Quisiera que pudieses leerlo, pero creo que hoy no…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
