viernes, 10 de agosto de 2012

Ayer fue uno de los peores días de mi vida. Uno de esos días en que querrías rebobinar la cinta vieja de tu vida y olvidar el presente. He deseado desaparecer una y mil veces, y lucho por no seguir deseándolo. No es necesario entrar en más detalles, pero la guinda fue un sueño de lo más molesto. Lo cierto es que tampoco termino de entender por qué me ha resultado tan desagradable. Simplemente buscaba tu nombre en una red social y ya no estabas. Habías desaparecido del único modo que te faltaba. También me pregunto por qué... por qué tú. Ni se me había pasado por la cabeza que ayer hacía tres años, justos tres años, en que te vi. Pero el jodido subconsciente me lo ha recordado incluso en un día como el de ayer. Ayer tenía mil problemas en los que pensar, y mi subconsciente decide pensar (recordarme) que te he perdido. Que sigo sin ser suficiente para tu amistad, o que, simplemente y como me dijiste en aquel email... bueno, la verdad es que aún hay una parte de mí que, inconscientemente, está al tanto de ti. Cómo odio haberte recordado justo ayer, de manera involuntaria. Cómo odio que fuera en un día tan horrible como el de ayer. Que aún quede una parte de mí que tema olvidarte, me asusta. Desespera. Si tan sólo hubieras cerrado las cosas como era necesario, si tan sólo te hubieras despedido directamente, o hubieras sido tan valiente como esos personajes que creabas, yo habría podido zanjar aquella amistad. Habría hecho lo posible para extirpar de mi corazón a ese hermano que tantísimo apreciaba. Aun así lo he intentado, y tres años después sigue doliendo. ¿Cuánto daño no-pretendías-hacer? ¿Tanto daño merecía pasar? ¿Tanto que, tres años después, aún no has sido capaz de dar la cara? Es posible que, como tus ojos, tu corazón fuera de hielo... la indiferencia es una explicación plausible. Dátsima, me escribiste... Alicia, me llamabas... hermana, hermanita... son palabras que aún hoy recuerdo. Y este un vertedero para las palabras que aún se aglutinan alrededor del alma. Ayer habría necesitado de la persona que quería verme crecer. Ayer me sentí aquella niña frágil que temía que el mundo la tragara. Necesitaba todo el apoyo posible, necesitaba que existieras. Ni siquiera que existieras aquí. Simplemente que existieras. Hoy es otro día, pero mi alma sigue temblando. Por todo. Por el terrible día de ayer, y un futuro incierto. Porque ayer te volví a ver, sin que yo lo pretendiera.

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