lunes, 29 de octubre de 2012
Aquí estamos de nuevo, yo y mi circunstancia. Lo cierto es que no creía que volvería por aquí tan pronto, pero he de responderme a mí misma. Sí, ahora mismo podría reírme de mi temor inicial ante la soledad en la carrera... y tengo un nuevo temor por perder clase debido al esguince severo. Aunque por ahora hay suerte, la profesora de griego está enferma y faltara un par de semanas, lo que me da algo de margen.
Por lo demás, no puedo pedir nada. Lo tengo todo en la vida. Unos estudios que me apasionan cada día más, tiempo para mí, para mis amigos, para la personita más preciosa del mundo...como se suele decir, virgencita, virgencita que me quede como estoy.
Suelo venir a estos lares para recordarme a mí misma hace un tiempo, para escribir temores que supongo pasajeros y poder verlos después como nimiedades. Hoy solo acudo para reafirmarme a mí misma. Sí, tenía razón. Sí, advertí con buenas palabras y no caí en vacío. O tal vez sí lo hice, pero acerté igualmente. Y puede que como historia, como recuerdo o como chiste permanezca en mi memoria. Pero lo que tengo muy claro es que ya no me debo nada a mí misma. Ni a nadie.
¡Qué curioso ha sido! anecdótico, casi divertido. Ha sido un "cotilleo más". Ciertamente deja un regustillo amargo, un nosequé que no se termina de digerir. Como cuando lees una trilogía, terminas el último libro pero ya casi no te acordabas de los dos anteriores. Es una sensación que dista de ser vacío o tristeza. Es neutralidad, lo que buscaba al fin y al cabo.
Al fin y al cabo, ¡ey! sigo viva
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario