
Te sientas en el borde de tu cama, y con el alma en la garganta y los ojos anegados de lágrimas intentas tranquilizarte. Es muy fácil decirte a ti misma “cálmate” pero demasiado difícil hacerlo. Sientes rabia. No puedes evitar sentirte como te sientes ni tampoco eres capaz de encontrar un origen racional al dolor. Sencillamente cualquier palabra te asusta, un simple gesto te pone nerviosa, saltas a la mínima ironía.
Hace mucho que no te sientes tú misma. Se te disparan los pensamientos, las emociones se revuelven en tu corazón y sientes ganas de vomitarlas en forma de lágrimas todo el tiempo.
Estás feliz, en silencio y mirando a los ojos a la razón de tu existencia, cuando tu mente entra en ebullición y miles de pensamientos egoístas, agoreros y catastróficos te atrapan. Entonces se trunca toda sonrisa, y tratas de recuperar la voz para decir un “te quiero” respaldándote en la oscuridad en que os encontráis. Gotitas de pena resbalan por tu rostro. Rezas porque en ese instante su mano no roce tu cara, que no desee sostenerte porque entonces sabría que hay algo en ti que va mal. Algo que ni siquiera tú misma comprendes.
Te has convertido en una montaña rusa. Ora arriba, ora abajo. No hay punto medio como antes, perdiste todo matiz. Temes la reacción de los demás, pero ante todo temes tu propia reacción. Qué dirás a lo próximo que escuches, si serás grosera, sarcástica o simplemente permanecerás indiferente. Toda opción es funesta, te sientes atrapada en ti misma. Lo peor es que en tu interior, aun a sabiendas de que son tus emociones las que te dominan, crees tener la razón. Siempre creíste que lo que tú pensabas era lo correcto, y quizás lo era…o quizás no.
Te deslizas en el interior de las sábanas, creyendo que tus sentimientos y emociones son demasiados y demasiado complejos para ti, que no puedes con ellos y te consumen. Entiendes que jamás habrá una tregua, y luchas ya por desesperación. Cierras los ojos y te tapas los oídos, pero el dolor es ciego y sordo y no necesita de tus sentidos para actuar. Duele. Porque es una parte de ti misma que desearías poder borrar.
A veces desearías ser fulminada por eliminar de un solo golpe tu personalidad. Aunque hace mucho que sientes que no eres tú misma. Qué importa ya.
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