viernes, 6 de agosto de 2010

amigos por siempre





Hace tres años mi inocencia pensó que él era mi vida. Que lo era todo. En realidad yo no le amaba ni una mínima parte de lo que soy capaz en estos momentos.
Al pasar un año se convirtió en mi mejor amigo, con quien pensaba que podía hablar siempre (Aunque realmente sólo hablara él), el que siempre estaría ahí. Le dije que era como un hermano mayor, que me encantaba su forma de ser y le idealicé de nuevo. Cada momento era especial a su lado.
Es extraño cómo, después de tres años de altibajos (besos, amistad, besos, distanciamiento, amistad.) no me duela saber que nunca debí importarle realmente, que me necesitaba por puro aburrimiento y que le soy indiferente. El hecho de comprender que la amistad para él no significa nada, ya no me duele. Él es tan sólo una puñalada más.
Ni siquiera me molesta que acabáramos así, a pesar de que él fuera la primera persona a la que quise (tal vez menos de lo que pensaba en su momento) y ahora ni siquiera sea un recuerdo nítido. Ha quedado en el olvido, aunque a veces le piense.
Hace ya mucho que no me molesto en llamar a la puerta de sus recuerdos para tratar de recuperarle.

1 comentario:

  1. María :)
    Ya sabes que me pasa lo mismo con una amiga.
    Bueno, yo creo que con mi edad hay muchos casos de decpeción con personas que considerábamos ''grandes amigos''.
    Sabes? Me ha pasado otra vez. Ya no es sólo una persona la que me ha hecho esto, son dos.
    Pero esta no me ha dolido tanto, a pesar de que fuera igual de importante que la primera.

    Supongo que nos duele, por la decepción. Las idealizamos, nos montamos historias en la cabeza que siempre terminan con un "para siempe"; y en la vida real rara vez ocurre eso.
    Parece que las personas no tienen corazón, o amnesia. Que no son capaces de recordar la de cosas que hemos pasado con ellos. A mí eso es lo que me decpciona, saber que de vrdad no son como aparentaban.

    Yo lo estoy llevando a base de autosuficiencia. Sí, no nos merecemos que nos hagan sentir así de mal, y menos que vayamos perdiendo lágrimas por ellos. Somos libres de hacer lo que queremos, y somos fuertes.

    Una gran entrada María :)

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