Despertó en el interior de una bolita de navidad. De esas en las que, si les das la vuelta, ves nevar sobre Londres, París, Dresden o incluso sobre aquella ciudad que nunca baja de los 23 grados.
Cuando abrió los ojos, lo primero que se preguntó es porqué no creaban esos mundos a pequeña escala con la imagen de su pueblo: un montón de pequeñas casitas agrupadas sobre una colina que se mantenían como sostenidas por el campanario de la iglesia. Era tan hogareño. Por desgracia se hallaba sumergida en el interior de una esfera con Nueva York como temática.
La nieve era gris, la carretera también, los edificios eran del color de la ceniza y el cielo estaba encapotado. Coches, mucha gente, agua estancada en los parques.
La ciudad más artificial que había visto nunca se extendía ante sus ojos.
Carla sacudió la cabeza, pestañeó seguidamente y se dirigió a su marido: “este año mejor vamos al pueblo”.
Dejó la esfera sobre la estantería y se sentó frente a la chimenea mientras su marido le preguntaba la razón. Ella siempre había querido viajar al extranjero, y le extrañaba que no lo celebrara ahora que él había cedido a su deseo.
- Una ciudad que no es bonita en invierno, no lo es nunca.- suspiró con la mirada perdida- además nuestro pequeño Juan aún no conoce la nieve. Estoy ansiosa por fotografiar a su primer muñeco de nieve, recibir el impacto de una bola mientras guerreamos y bajar en trineo por las calles de El Frago. Eso me vale más que todos los Empire State del mundo y el Central Park.
Rubén suspiró mientras terminaba de preparar el puré para su pequeño y sonrió al imaginarse a los tres juntos allí.
-¿Y qué hacemos con todo el dinero que habíamos ahorrado? Nos sobrará bastante.- le recordó en voz alta a su mujer.
-Muy fácil- le dijo acercándose a él y tratando de reprimir un estornudo (bailar bajo la lluvia a veces pasa factura)- le compraremos a Juan bolitas de todos los países a los que querríamos ir con él. Guardaremos el resto de dinero para un viaje posterior, y le daremos a elegir el destino. Cuando vea todas las bolitas seguro que elegirá el mejor lugar.
Rubén rió mientras le revolvía el pelo y antes de ir a despertar a su hijo le respondió:
-Sabes que elegirá volver al pueblo.
Carla se quedó pensativa mirando a la chimenea y simplemente susurró:
-Es que los mejores momentos no se encierran en esferas de cristal.
otro texto genial Maria
ResponderEliminarno dejes de escribir eres ingreible.
besikos
de:Blanca
es precioso seria genial hacer lo mismo con nuestros hijo no crees el dia de mañana claro esta XDD de momento nos conformaremos con vernos al calor de la mantita de mi cuarto pero te prometo que un dia tendremos la casa mas bonita del mundo en el pueblo que tu quieras ^^ i pasaremos largos inviernos tomando chocolate con churros jajaja que cosas te digo por dios deves de pensar que soy un loco i no lo niego soy un loco enamorado^^ eternamente tuyo:Sergio.
ResponderEliminares precioso. me has dejado con la piel de gallina... voy a releerlo... ;)
ResponderEliminarun beso
Aiins qué bonito María!
ResponderEliminarGenial, genial ;)