
Me dijo que íbamos a jugar a un juego maravilloso. Que era muy sencillo y tan sólo tenía que dejarme llevar. Me sonó a peligro, pero por curiosidad accedí.
Sólo tenía doce años pero era lo bastante madura como para diferenciar cuando no se debía hablar con un extraño. Aun así, entablé conversación con aquel chico en apariencia mayor que yo.
Me cogió de la mano y sentí un escalofrío. No pintaba bien. Se acercaba demasiado para mi gusto. Su tacto era cálido, su sonrisa parecía sincera, pero me inspiraba gran desconfianza. Instinto de supervivencia, supongo.
Nos alejamos de la zona de los columpios del parque, mientras me prometía que íbamos a ser muchos quienes íbamos a jugar, y que yo tenía un papel importantísimo. Sin mí no podían empezar.
Comenzaba a tener miedo pero seguí caminando, por si acaso le hacía enfadar. Nunca se sabe cuando puede ser fatal llevarle la contraria a quien no conoces.
Corrimos hacia una zona arbolada, donde había más chicos y chicas como yo. Todos me miraban y cuchicheaban, en círculo, mientras yo me estremecía, no se si por timidez o de pavor.
-¿Ella nos servirá?- preguntó una de las chicas más jóvenes.
-Por supuesto- Dijo Javier, el joven que me había llevado hasta allí.- es perfecta para esto.
Entonces me taparon los ojos. Empecé a mover los brazos sin poder ver nada, mientras me desorientaban a base de movimientos bruscos y risas.
Quería irme a casa, como fuera. Tenía ganas de gritar pero me era imposible, estaba aterrorizada.
En el mismo momento en que pretendía pedir ayuda, una voz masculina se acercó a mi oído, y mientras sentía cómo me apartaba el pelo para poder escucharle me dijo:
-Tú la llevas, gallinita ciega.
jajajajajjajaja
ResponderEliminaralprincipio metaba intrigando y cuando a dixo lo de gallinita ciega me empezao a partir de risa
genial otro 10
de:blanca