
Mi primer amor, Paula, era fea. No me avergüenza decirlo: era fea, fea. Su pelo estaba mal cuidado y caía como una escoba sobre sus anchos hombros. Sus ojos eran tristes y parecía que siempre estuviese a punto de llorar, sobretodo cuando intentaba sonreír y dejaba asomar sus dientes picados.
Aquellas manos tan pequeñas que tenía eran ásperas, de tanto lavar a mano, y pasaba tan pronto de la palidez más extrema a sonrojarse en demasía. Todo por unas gotas de vino.
Además era más fuerte que yo, y aquello no me gustaba, parecía un hombre. Su voz era grave y me espantaba que tratara de susurrarme al oído. Su cuerpo no tenía curvas donde debía y se presentaban como de sorpresa donde menos lo esperabas.
Cómo olvidar la tortura que era besar unos labios tan gruesos, que le restaban movilidad al rostro. Qué poco me gustaban su cara y su cuerpo.
En su conjunto era, sin duda alguna, fea.
Pero cómo me hacía reír la condenada, cómo me hizo reír hasta el día en que se presentó a su puerta un joven mucho más guapo que yo.
Guuuuuuuuuuaaaaau! :O
ResponderEliminarSin palabras, una gran entrada! x)
ME HA ENCANTADO!
ResponderEliminarEn serio....increíble esta entrada! Me encanta! Qué buena es! Creo que esto es para felicitar...así que, FELICIDADES.
Te sigo, sin dudarmelo, vamos.