
-Las reglas son muy sencillas. Tú entras al bar y yo ya estaré con mi bebida, sin pagar todavía, claro. Cuando me veas y desees que sea yo (porque imagino que lo desearás) la chica del chat, te acercarás y me preguntarás cortésmente si soy ella y si te puedes sentar conmigo.
Javi rió por lo bajo, imaginándose la situación.
-Espero que no me rechaces tan pronto, nena, me heriría el orgullo.- dijo parodiando la entonación.
Elena le acarició la mejilla y tras darle un dulce beso le susurró:
-Puedes apostar que me plantearé hacerlo, más vale que entres al bar con buena presencia y una de tus preciosas sonrisas, “nene”.
-Bueno- prosiguió.- después hacemos la presentación formal, vas a la barra a pedir la típica coca-cola (nada de redbull, que te conozco) y te fijas en que te estoy observando de reojo desde nuestro lugar de encuentro, pero haces como que no te das cuenta.
Javier se rascó la cabeza y tomó a su joven novia de la cintura. Caminaban por la calle a un paso tranquilo, pero sin parar. Tuvo que tirar de Elena, quien, distraída como estaba, iba a pasar por una carretera bien transitada por el tráfico.
-Pero si ambos sabemos que nos conocemos y que me estas mirando, ¿de que sirve hacer como que no?- preguntó reacio al experimento.
-Va, hazlo por mí, será divertido- le pidió guiñándole un ojo. Sabía que no podría negarse a eso, no después de haberle sonreído como lo había hecho. – Bueno, entonces tú vuelves y me empiezas a dar conversación, mientras empezamos con miraditas. No vale hablar de nada que ya sepamos el uno del otro, aunque tampoco vamos a mentir en nuestro nombre, edad o cosas de esas. Simplemente intentaremos hablar de temas de los que no solemos hablar.
Javier empezó a imaginar la escena y asintió con la cabeza.
-Entiendo. Nos vamos conociendo de otra forma, gustándonos, de repente una de mis manos roza la tuya sin querer y…
-No- dijo Elena- no me cuentes como sigue. Eso se irá viendo en nuestra cita. Igual no me gustas lo suficiente para dar el siguiente paso Javi, que el físico no lo es todo. Aunque estés muy bueno igual no caigo en tus redes.- se reía mientras lo decía muy rápido y Javier supo que ambos eran conscientes de cómo acabaría la tarde.
-Vale, vale. Entonces, yo te cortejo, tu quizás te dejas cortejar, y puede que con mucha suerte consiga robarte un beso, o dos…eso no me compensa demasiado ¿Sabes?
Estaban llegando al bar de la cita. Dentro de poco serían dos completos desconocidos. Elena se paró en seco.
-Oh, cielo, sabes que no daría otro paso más en la primera cita. Además, soy una mujer comprometida- terminó mientras le mostraba la esclava que él le había regalado seis meses atrás.
-Si tu novio supiera que vas de bar en bar conociendo a chicos guapos, estoy seguro de que se moriría de celos.- Dijo Javier abriéndole la puerta y comenzando a adoptar su nuevo papel.
-Te veo cuando haya pedido mi bebida y llegues curiosamente tarde a la cita.
-¿Me regañarás?- inquirió divertido.
-Por supuesto Javier. A mí no me hace esperar nadie.
-Eso esperaba.- murmuró para sí mismo mientras cogía aire para su primera “primera cita” en mucho, mucho tiempo.
-Pero si ambos sabemos que nos conocemos y que me estas mirando, ¿de que sirve hacer como que no?- preguntó reacio al experimento.
ResponderEliminarEsa frase me ha llegado muchísimo, por qué estoy en una situación parecida. Le veo, el me ve.. Nos vemo.. Y así llevamos mucho tiempo. pero Justo el último día de clase en la univ. Nos presentaron. Así que no sé como culmina esta historia, ni sé que pasará ahora...
mola ^^
ResponderEliminaresta mu bn ^^
te doy un 100 jiji
de:Blanca
jajaja tus textos me encantan sobre todo las indirectas (guiño de ojo tipo adri) (vease sarcasmo extremos) XDDD na en serio escrives genial como tu sueles decirme nunca dejes de escrivir siempre consigues sor`prenderme^^
ResponderEliminarte amo mi vida muaks!!! eternamente tuyo:Sergio