
Te he escrito cinco cartas, ni una más…y desde luego no falta ninguna. Te he escrito mis pensamientos, cada tarde, junto a un café y el atardecer reflejado en la taza. Solo tengo papel reciclado, porque sobre él solo escribo pensamientos, palabras que se desvanecen y que acaban en la papelera de mi habitación. Solían terminar allí, hasta que apareciste tú. Aunque sigo utilizando folios reciclados para mis escritos, ahora papel de carta con flores prensadas y colores claros. Si te las fuera a entregar, quizás las perfumaría, pero por ahora permanecen guardadas en una cajita de zapatos a buen recaudo en un cajón. Escribo cada palabra con pluma, como pintando los trazos de ese sentimiento que no me deja conciliar el sueño, ni comer, ni pensar en otro que no seas tú. Aprovecho cada margen, cada espacio de ese papel reciclado mientras me pregunto si serás como imagino. Si tu historia va más allá de esos cafés que sirves cada tarde en la terracita a la que suelo ir, si alguien deja su carmín sobre tus mejillas cada noche, y si esa otra persona conoce tan bien como yo la gracia de esos rizos castaños que caen sobre tu frente.
Quizás un día, cuando el café de tu bar sepa demasiado amargo o esté demasiado frío, o la taza esté sucia, y tenga una excusa para no regresar, deje olvidadas esas cartas por casualidad, regalándote una última propina y algunos pensamientos de papel reciclado.
Me ha gustado mucho esa entrada que has hecho en tu blog, si te parece bien, voi a usar este relato, para hacer un poco de publi de tu blog, espero de que todo te vaya genial. Un saludo.
ResponderEliminarEstá genial
ResponderEliminarEss muy genial ademas es una muy buena manera de reciclar
ResponderEliminar